Yolanda García Medrano
Los hombres y el aborto en el tema
de los derechos humanos.
Los hombres y la reproducción
Los
programas y políticas públicas en relación a la salud reproductiva han
considerado a las mujeres como responsables del ámbito de la reproducción
biológica y doméstica, mientras que a
los hombres se les identifica como responsables de la reproducción social,
cultural y pública, sin embargo, más
allá del imaginario social que considera que los hombres no se reproducen, esto se arraiga de manera
profunda en la concepciones y prácticas de vida de los propios hombres.
La
identidad de los hombres está estrechamente vinculada a la construcción de
la masculinidad como un aprendizaje de
códigos, valoraciones y organización de tiempos y espacios. Ser hombre, en muchas sociedades
occidentales significa no ser mujer, no ser
niño y no ser homosexual (Badinter, 1987). Por eso muchos hombres se ven
ajenos a espacios como el reproductivo y
del cuidado de la salud considerados
propios de las mujeres; para muchos hombres involucrarse en la reproducción
implica pérdidas de control y
privilegios, pero por sobretodo una desvaloración.
Considerar
a los hombres como actores de la reproducción, implica indagar en las relaciones y vínculos que los hombres
establecen a partir del ejercicio de su
sexualidad y de una posible paternidad. Parecería obvio considerar que
los hombres son partícipes y actores en el
aborto, sin embargo, como otras problemáticas relacionadas con la reproducción, hasta ahora se ven como
competencia y responsabilidad exclusiva de las
mujeres. Seguramente si se asumiera el hecho que los hombres también se
reproducen, la óptica social y de las
políticas públicas en relación al aborto, cambiaría radicalmente.
La percepción de los hombres entorno al aborto
Diversas
investigaciones dan conocer que la
respuesta no es mayoritariamente de
indiferencia o que no les compete y afecta emocionalmente. Al contrario, parece ser
que a los hombres la vivencia del aborto
los afecta también profundamente.
En
una investigación en México sobre la percepción del aborto en los hombres, de
65 casos narrados, los sentimientos
reportados fueron principalmente: preocupado, angustiado, nervioso, desesperado (30 hombres), mal, muy
mal (15 hombres), desconcertado,
confundido, desubicado (14 hombres), bien, alivianado, tranquilo,
descargado, en calma (12 hombres), enojado traicionado, molesto (12 hombres), triste, impotente, deprimido, frustrado (12 hombres) (Guevara, 2000).
Por
otro lado, en una investigación sobre aborto realizada en Colombia con 390
hombres, el 46 % opinó que es malo,
pecado, no lo mejor, pero que era una solución conveniente; mientras el 43% estuvo de acuerdo y el 11 %
rechazó la opción. (Oriéntame, 1999).
Los hombres y la decisión del aborto
En
cuanto a la decisión de las mujeres respecto al aborto inducido,
mayoritariamente no son independientes
de las consideraciones culturales y de la pareja.
Sobre
las razones para recurrir a un aborto, diversas investigaciones en
Latinoamérica coinciden en que para un
30% a 40% de las mujeres, la decisión del varón es el factor determinante para no desear continuar un
embarazo (Tolbert, Erhenfeld y Lamas). Esto se
corrobora en el estudio realizado por Guevara en México con 56 hombres
donde el 38% de ellos plantean “razones
de él” para recurrir a un aborto (él no estaba dispuesto a continuar el embarazo, ella no era la persona indicada,
él no quería casarse).
La
opinión de los hombres parece ser un factor importante en la decisión de las
mujeres de realizarse o no un aborto y
esta opinión tiene mayor probabilidad de imponerse en las relaciones tradicionales de dominio
masculino/subordinación femenina (Tolbert, Morris y Romero).
Lo
anterior nos plantea que en cuanto a la decisión sobre el aborto, se presenta
un dilema en cuanto al derecho a la
autodeterminación del cuerpo de la mujer y el derecho del hombre a opinar y participar en la decisión de
mantener o interrumpir un embarazo donde ha
participado de manera activa. Si bien, no se puede plantear el problema
en términos de derechos paritarios pues
las condiciones de hombres y mujeres no son equitativas a nivel social, tampoco
se puede plantear en forma absolutamente
excluyentes; la realidad es más
compleja.
Podría parecer contradictorio considerar la participación
y responsabilidad de los hombres en el
aborto y al mismo tiempo enfatizar el derecho diferenciado de las mujeres
a decidir sobre el destino de su propio
cuerpo, lo cual lo convierte en un proceso complejo. Para profundizar es necesario
hacer visible la responsabilidad de los
hombres en la práctica del aborto.
Los hombres en la práctica del aborto
Al
hablar de responsabilidad del hombre frente al aborto hace referencia al apoyo
que pueden brindar a su pareja: emocional (ante el temor, la pérdida y/o el
alivio, la presión social, etc.),
económico (pago del aborto y de los cuidados posteriores), cuidados de la salud (atención en las
primeras horas y de prevención de otro embarazo no deseado), vida cotidiana (labores domésticas y crianza
de hijos). Es decir la responsabilidad no sólo en el evento mismo, sino en todo
el proceso y en las dimensiones que dan contexto y forma a la experiencia de un aborto.
Para muchas mujeres e instituciones, la participación de los
hombres en el aborto es una
consideración peligrosa, por las condiciones de inequidad de género que
lo posicionan en la mayoría de las
ocasiones como un estorbo, irresponsable e impositivo, que ponen en riesgo las posibilidades de la mujeres de tomar y
ejercer sus propias decisiones, así como el derecho a la autodeterminación de
su propio cuerpo; aspectos irrenunciables si queremos aspirar a una sociedad de
relaciones de género equitativas.
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